DE SOL Y SOMBRA
28 NOVIEMBRE, 2011

Todo un acontecimiento taurino vivido en un nuevo y muy torero paraje situado entre Los Reyes y Texcoco, tan cercano a la Ciudad de México como a la añoranza taurina del ayer y la gloria torero presente. Una muestra magnífica de torería pero preponderantemente de dos de los principios fundamentales de la religión taurina: la amistad y la pasión.

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Espléndido lance de Manuel Caballero. Foto: @Colorjay.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA. Texcoco. FOTOS: Jorge Prado.

Según se vea, un festival trae la alegría taurina a plenitud y la confirmación de nuestros votos taurinos.

Lo anterior, ni más ni menos, es lo que se vive en la apertura de un cortijo bien nombrado –grábenselo desde ahora- “Cinco Villas”, tal como la localidad aragonesa motivo de la devoción de los anfitriones, la familia Marco Domínguez.

Los esposos Lucero Domínguez y Luis Marco Sirvent, sus hijos, son los anfitriones de casi un millar de taurinos a quienes tratan, a todos y cada uno, como invitados. Es el marco ideal e incomparable. Una instalación taurinamente completísima, adornada entre rojos claveles y macetillas con violetas imperiales igualmente en encarnados tonos.

El día se apropia para sí de la gris aurora.

Tanto que para la misa, que cierra con la “Salve Rociera” estremeciendo e implorando la gracia plena para el porvenir del nuevo lugar, la niebla no abandona el celaje que cárdeno contrasta con el áureo albero sevillano y los rojos tableros.

En medio de tan serio y torero escenario, testigo del magnifico paseíllo, dos charros y un auténtico caballero andaluz, emocionadamente, encabezan como alguaciles las filas y columnas que comandan Manuel Caballero, Sergio Martínez, Arturo Macías y Joselito Adame.

Inmejorable cartel.

Los anfitriones homenajean a los diestros, la entrada en el Cortijo aplaude a los cuatro espadas y por supuesto a quienes brindan su casa para tal ocasión. Vayamos al toro.

El misterio taurino es de Albacete, su nombre: Manuel Caballero Martínez.

Físicamente incondicional, él mismo de ayer. Taurinamente con el valor intacto, lo principal. E igualmente imperecedera la conexión tan particular que conserva con el público mexicano, tan amigo del torero.

Por supuesto, la ganadería a la lidiar es de sus favoritas.

Sin embargo decir que Reyes Huerta tiene una tarde para el olvido, justo cuando hacía más falta hacía la tarde buena, es poco. Los toros, aun de festival, alejados de toda polémica, no han sabido de ocasiones y sí mucho de mansedumbre.

Importa poco cuando hay firmeza, colocación adecuada y mente clara en lances templados de Caballero, uno grande por el izquierdo. Pero el reyes huerta que inaugura cortijo, de nombre “Ejea” para la historia, usa más las manos que la cornamenta, Manuel aguarda varas y banderillas.

Inicio breve, simple y torero que deja al novillo en los medios del ruedo. Trazo largo en el derechazo. Cuando el burel busca pisar la muleta, Caballero alivia su embestida para colocar el trapo perfecto, en exactitud de altura, para el siguiente muletazo. Así construye dos tandas pese a un breve desarme.

Pero el toro canta hacía las rayas.

Ahí Manuel verticalísimo, en cadencia perfecta y con el toro hacía tableros, dibuja el cambio de mano por bajo ideal con el Cortijo que ruge en sus nacientes olés porque indudablemente Caballero desdeña la mansedumbre con la reciedumbre de su castellanísima expresión torera.

Parece habrá toreo al natural pero solo es un instante, dos en sutil transparencia de toque y en mando exacto. Podrá Caballero carecer de ritmo, nunca del sino torero que le tendrá siempre en el sitio exacto, como la casi entera que acaba con la vida del novillo.

El toreo del manchego consiste, hoy como ayer, en colocar a trasluz clave a clave y punto a punto del desglose de los cites y la sucesión del muletazo, o como en este caso, la mano izquierda que descubre perfecta el sitio del estoque.

Oreja de Ley.

Suena “El Zopilote Mojado” en la vuelta aclamadísima.

Toque intacto. Caballero al natural.
Acompaña desde Albacete al primer espada el novel matador Sergio Martínez, espigado y con buena planta al que el aún más manso segundo aprieta en tablas.

Poca cosa en varas y mucho menos banderillas. Martínez traga y hace tragar al manso violento.

A golpe de cincel se impone al berreón novillo. La mano derecha lleva largo y tremendamente poderoso abaniquea en los medios antes de matar trasero y cobrar la oreja justo cuando “En er Mundo” comienza a sonar.

Al inmejorable comienzo de la primera mitad del festejo se suma el incontenible deseo de Arturo Macías de mostrarse, como es, como ha sido, el torero que ha avasallado a propios y extraños.

En la posición de Macías no queda más que arrear, aun siendo un Festival.

Muestra de ello son las largas cambiadas. Sorprenden, ya de pie, sus lances por lo templados. Pero es lógico, incluso esperada, su quietud en el doble remate, emocionante pese al desarme.

Una confusión de Nacho Meléndez, el picador de confianza de Macías, que le hace no ocupar su sitio en la contra querencia. Nacho, acostumbrado a partir hacía el lado izquierdo de la puerta de caballos, invierte los terrenos y al enmendar se encuentra el novillo con el caballo de los mansos que pica a la trágala descomponiendo su tranco.

Para cuando el piquero potosino por fin puede picar el novillo, éste echa atrás y berrea extendiendo su mansedumbre en banderillas. Macías anticipa a su apoderado “Armillita” sobre lo poco que durará y lo deslucido que será el que hace de tercero.

Qué importa.

Arturo impone sus formas pese al desarme inicial por la derecha del que se repone corriendo la mano largo e incluso de la voltereta por el lado izquierdo, de la cual se levanta para rematar con remanguillero y lucido molinete invertido –como a “Cuatro Caminos” hace dos años.

La meritoria tanda por la zurda muestra la cara arriba y la mansedumbre del astado que se va directo a las tablas tras la flor invertida de la cual quedó pendiente el remate de pecho.

Ya en el terreno del toro, tableros frente a toriles, Macías le lleva largo y a compás abierto en nuevos derechazos, sello y empeño en los mismos e incluso belleza en los pases de pecho con la zurda y la dosantina. En ese terreno pero en la suerte contraria, se eleva el torero al pedestal del volapié perfecto que en la yema revienta al manso cárdeno careto.

Dos orejas son el premio e inexplicable la vuelta al ruedo al burel.

Como sí, en cambio, por demás justo homenaje, la vuelta al ruedo con el anfitrión.

Cuidado aquí. Dejar a un lado a Arturo Macías, como si fuera la antigua resaca delante de la embestida de la nueva ola taurina, es un error por un principio fundamental. Otra vez, porque no aquilatamos el peso de la reciente historia.

Tomen nota.

El sino del encierro cambia cuando el único matador a la usanza campera mexicana vestido toma su capote para lancear con gusto al precioso berrendo que cierra la lidia ordinaria pues Caballero y Martínez regalarán.

Joselito Adame abre el capote y cierra las salidas de la mansedumbre al dosificar las varas. Extiende la obra capotera en chicuelinas algo afectas al bajar en exceso la mano, la tercera es buena y la larga por remate tanto o mejor que los tres pares que coloca alternando y reunido.

Alegre llega “Sos del Rey” a la muleta de Adame que en plenos medios corre la mano con mucho temple y largueza.

La faena se intuye y la Banda, en evocadora alusión desgrana “Silverio” para felicidad de los tendidos y de las hermanas Silvia y Consuelo Pérez. Y claro, ya en borrachera absoluta, Joselito abre el compás y deja volar el brazo con la derecha, abrocha con gran trincherazo e incluso al natural, pese a la aspereza del toro, se muestran dos enormes muletazos.

La entera formidable en plenos medios es corona grande del tremendo momento que atraviesa a la puerta de su compromiso en La México el hidrocálido.

Joselito está puesto.

Para bien de todos.

Caballero, por muchos motivos, hace eco de la costumbre tan en boga de regalar un astado que aquí sí importa y mucho con tantos signos en el ambiente. Veamos. Lo torero del festejo y de la región donde se realiza, el taurinismo de los asistentes y el recuerdo de los ases que hace 65 años en el Pentecostés cercano habrían vivido un encuentro tan taurino como el vivido este sábado.

Todo esto nos hace celebrar la salida del quinto al que Manuel saluda con lances templados, uno deslumbrante, y una media superior. Aguarda tranquilo el toreo las ráfagas del viento y la debilidad del berrendo.

Logra extender la embestida del astado por el lado izquierdo y además vencer el viento sin refugiarse y plantarse en los medios. Manuel Caballero, todo un torero, tiene dentro la llama taurina que en México seguramente se le aviva más.

Lógicamente, sobre reaparecer… alguna duda, seguro, “Cinco Villas” le deja en el aire.

Única mácula, la estocada que cala pero que no es óbice para conceder la oreja.

Martínez lo tiene imposible pese a su enorme esfuerzo con el sexto, un novillo que debe preocupar a José María Arturo Huerta. Lo interesante es observar la solvencia del torero de Albacete que es ovacionado lo mismo que el anfitrión al final en donde en necesaria consecuencia acompaña a los toreros.

Ha sido un excepcional festejo taurino.

Impresionante por su orden y causa torera, incluso con magnificencia en su remate: las mesas elegantemente adornadas en todos granas y gualdas, además del tricolor mexicanísimo, en el salón de banquetes.

De mesa a mesa, con sus centros de rosas rojas, se reciben una comida espléndida de cabo a rabo, mientras al toque, el compás flamenco se rompe en guitarras y palmeos.

Luego, el desgarro mexicano no exento de dulzura de María Elena Leal, que al igual que Caballero toreando, no solo retiene cantando porque tuvo, sino porque ambos, en lo suyo, aun lo tienen. Canta Caballero en enclavado recuerdo de otro Manuel, Califa de Córdoba, en aquella tarde de pulque y barbacoa en Pentecostés.

Ahí, “tras lomita”

Así, de Manuel a Manuel, de Pentecostés a Cinco Villas, de 1946 a 2011, sesenta y cinco años después, seguimos y no paramos. La Fiesta vive. De aquella “Feria de las Flores” de Manolete, al cante de Caballero que, como a la tarde, se va cantando hasta que “Y nos dieron las Diez…”

Por ello, la familia Marco brinda algo más que “las tres” respecto del toro de la amistad a los aficionados taurinos. Algo más que la mano y la merced nos brinda al abrir su casa.

En lógico autobombo, tan proclive en los taurinos, algunos sospecharían sobre la intención.

Para el que ha estado ahí no representa más que demostrar que ser taurino implica entregar todo sin esperar algo a cambio.

Eso es el arte, pura donación, solo entrega sin recuperación posible.

Y esto es la Fiesta.

Por ello, en inolvidable recuerdo, en libro de oro particular, guardaremos la primera e inolvidable página de una historia llamada “Cinco Villas”.

Y lo aseguro, será para toda la eternidad.

Twitter: @CaballoNegroII – Texto.

@ColorJay – Foto.

PS. Galería en breve.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Cortijo Cinco Villas. Los Reyes, Estado de México. Magno Festival Taurino. Inauguración de la Plaza del Cortijo. Media entrada en tarde fría con cielo gris y viento.

6 Novillos, 6 de Reyes Huerta (Divisa Rosa, blanco y rojo) Los últimos dos lidiados como regalos. Correctamente presentados, mansos en general salvo el cuarto que resultó bravo. Al tercero, erróneamente, le dieron vuelta a sus despojos.

Manuel Caballero, Oreja y oreja en el de regalo. Sergio Martínez Oreja y palmas en el de regalo. Arturo Macías, Dos Orejas. Joselito Adame, Dos orejas.

Destacaron a caballo Carlos Domínguez Márquez, a pie cargando toda la lidia, Fernando García Araujo, Christian Sánchez y Gustavo Campos.